En ocasiones usamos técnicas de estudio prefabricadas, que no se adaptan a nuestras inquietudes, preferencias o temperamento. Otras veces, usamos métodos que podrían ser efectivos para nuestros objetivos, pero los utilizamos de una manera desorganizada y no obtenemos los resultados deseados; aquí radica la diferencia.
Primero vamos a definir estos tres conceptos que, con frecuencia, confundimos:
Eficacia: es la capacidad de lograr un objetivo que se había establecido previamente.
Efectividad: es la cuantificación del logro del objetivo. Por ejemplo, una técnica de estudios A, es efectiva al 50% para una persona y otra técnica de estudios B, es efectiva al 70%. Ambas técnicas son eficaces porque ayudan a conseguir el objetivo, pero la técnica B es más efectiva.
Eficiencia: es la capacidad de lograr los objetivos usando el menor número de recursos posible, por ejemplo, el tiempo invertido en el estudio, el número de repeticiones para lograr resultados correctos en un ejercicio, etc.
El usar técnicas de estudio con poca eficiencia por nuestra parte, puede tener consecuencias como:
Pérdida de motivación hacia el estudio, debido al mayor esfuerzo que tenemos que invertir.
Tener menos tiempo para dedicarle a otras tareas que nos gusten o sean importantes para nosotras o nosotros.
Bajar el rendimiento escolar y/o suspender asignaturas.
Problemas de autoestima.
Problemas de relación con los profesores, las profesoras, las compañeras y los compañeros, debido a la imagen que puede tener la persona de mala estudiante.
Para poderle sacar un mayor rendimiento a las horas de estudio y disfrutar de más tiempo para nosotras/os, necesitamos: conocernos bien, conocer nuestro ambiente y valorar los múltiples recursos de que disponemos.
¿Estás dispuesto/a a venir a nuestro taller “APRENDE A ESTUDIAR” y disfrutar de tu tiempo libre?







